Marina Pardo canta Alexander Nevski de Prokofiev

TEMPORADA BOS 18

Fuego y Hielo

Orquesta Sinfónica de Bilbao

Orfeón Pamplonés

Günter Neuhold

17 y 18 de Junio, Palacio Euskalduna. 20,00H

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crítica de la verbena de la paloma en la web del met

October  2008 , vol 73 , no.4
RECORDINGS
Video

BRETÓN: LA VERBENA DE LA PALOMA

 Suárez, Navarro, Pardo; López, Rubiera; Community of Madrid Orchestra and Chorus, Roa. Production: Bollaín. Decca 074 3262, 75 mins., subtitled

La Verbena de la Paloma is one of the masterworks of género chico (one-act comic) zarzuela, a piece so moored to its 1894 Madrid setting — in script and score — that any attempt to remove it from that era would be asking for trouble. Trouble is precisely what adapter–director Marina Bollaín gets in yet another Eurotrash update inflicted on a classic operetta, presented at the theater of the Escorial in 2006. The set is a nine-apartment box, plus roof (reminding me of the set for Street Scene crossed with Bye Bye Birdie); the costumes mix Hard Rock Café T-shirts and jeans with just a few of the ruffles and fringes of old Madrid, which remain as souvenirs of the original, much-missed look. 

The jealous printer Julián (exceptionally well sung by José Antonio López) is now a butane-gas delivery boy, while the rakish old druggist Don Hilarión has become, even more inexplicably, a young, leather-and-shades swinger, who bathes with rubber ducks. (¿Por qué?) The nasty, reproving Aunt Antonía has had a sex-change operation to become a mild hairdresser, and gone are the familiar little cameos of the policemen, the night watchman and others, all awkwardly absorbed vocally by a trio of card-and-pétanque players on the roof. 

Very little is gained dramatically by the compartmental set, and the pivotal choral “Chi-na-na” seguidillas extolling the fiesta have none of the force of the great “¿Dónde vas con mantón de Manila?” habañera-ensemble, where the principals are all out in the calle together — finally. 

In a further attempt to update the operetta, this production has added a second act, supposedly taking place at the verbena, or fiesta, itself. It’s not part of the original, and the pop-concert numbers — a rumba, a bomba and a love song about gardenias — seem untouched by composer Tomás Bretón, who surely would have been horrified at such egregious additions. 

The pity of this production is that musically, under the always-dependable Miguel Roa, it is top-quality, with a good (if rather uncomfortable-looking) chorus and further good soloists, including a superb, plummy Marina Pardo as Seña Rita, Julián’s older woman friend. Their duets are exceptionally effective and made me forget the dull surroundings. Some comic relief comes with a pleasant little documentary in the interval, showing real Madrid verbena activity and a clowny bullfight, and (inadvertently) with some of the subtitles — “I’ve got mains gas!” and “You waste of space!” were two of my faves. 

For a much more accurate rendition of this great work, even though it is missing some of the music, I recommend the 1934 Spanish film version, faultlessly cast and directed — which someday should appear on DVD.  

RICHARD TRAUBNER
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Una pequeña cubanada castiza

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Una pequeña cubanada castiza

Santiago de Compostela, 30/12/2008. Teatro Principal. Amanda Serna, soprano. Marina Pardo, mezzosoprano. Julio Morales, tenor. Javier Galán, barítono. Borja Mariño, piano. Vanessa Martínez, dirección de escena y coreografía. Programa: “Del pasodoble al fox-trot: la música de baile en la zarzuela”: G. Giménez / M. Nieto: “Vals terceto de la Roldán: ‘Aún estoy nerviosa con lo sucedido’ (de El Barbero de Sevilla). P. Luna: “Dúo del tabaco: ‘Ay qué gusto más grande me da” (de El niño judío). F. Alonso: “Fox-trot: ‘Al ruído alegre del jazz band’ (de Las castigadoras). R. Chapí: “Terceto de los modismos: ‘Yo soy el menú’ (de Ortografía). F. Alonso: “Blues de Clara Bow y los marineros: ‘El amor buscó en el mar’ (de Las leandras). J. Guerrero: “Fox-trot: ‘No hay porqué reír’ (de Los Gavilanes). A. Vives: Clase de las gordas: ‘Aquí para lograr adelgazar’ (de El arte de ser bonita). P. Sorozábal: “Dueto de Clarita y Capó”: ‘Si tu sales a Rosales’ (de La del manojo de rosas). F. Chueca / J. Valverde: “Mazurca de los paraguas: ‘Hágame usted el favor’ (de El año pasado por agua). P. Sorozábal: “Dueto de Catalina y Marat”: ‘Dos besos míos’. R. Soutullo / J. Vert: “Can-can: ‘Moda es hoy bailar pasos de cancán (de El último romántico). P. Sorozábal: “Canción de Leocadia y Nica”: ‘Sueña que en sueños todo lograrás’; “Romanza del partido de fútbol”: ‘Qué partido has perdido chiquilla!”( de Don Manolito); “Danzón de Laura y Tina”: ‘Por fin llegó…No hace falta que lo jures’; “Pasodoble de Tina y Montilla”: ‘Te quiero por tu frescura’. “Concertante del segundo acto”: ‘Jura un amante’ (de La eterna canción). VIII Festival de Zarzuela de Santiago ‘Todo Lírica’

Antes de empezar a comentar este concierto, creo conveniente aclarar, sobre todo para los lectores del otro lado del charco, que La Cubana es el nombre de una conocida compañía teatral catalana caracterizada por sus espectáculos interactivos que homenajean parodian el género de la revista, género que causó sensación en España a mediados del pasado siglo. En su espectáculo Cómeme el coco negro, un clásico de esta compañía, se hace un repaso a este género a través de las idas y venidas de los integrantes de una compañía divertidamente provincial.

Mucho ambiente cubanero hubo en la segunda cita del VIII Festival de Zarzuela de Santiago, “La música de baile en la zarzuela: del pasodoble al fox trot“, en el que se revisaron números fundamentalmente cómicos de diversas zarzuelas. Un espectáculo hábilmente semiescenificado, ambientado con pocos elementos en un cabaret que no parece atravesar su mejor momento, y por el que van desfilando clientes y empleados -de todos los rangos-, con la ayuda del dueño-pianista-maestro de ceremonias, en una serie de sketches que siguen el hilo argumental de cada una de las obras y que se suceden dando paso a los números cantados. Como en los espectáculos de La Cubana hay aquí un punto importante de interacción, de parodia, de ironía, un ritmo bastante trepidante y ante todo mucho humor, con la ayuda de un vestuario adecuadamente kitsch y un ambiente cómicamente decadente, al que contribuye una iluminación sencilla pero eficaz. La dirección de escena y las numerosas coreografías son de Vanessa Martínez, mientras que no se firman ni vestuario ni iluminación.

Otro punto sobre el que conviene hacer hincapié es la acertada selección de números interpretados. Representativos de la función cómica de nuestra zarzuela, pero además de no muy frecuente escucha en los teatros a día de hoy, incluyendo junto a números menos habituales de zarzuelas que hoy sobreviven gracias a la popularidad de un número concreto, títulos como Las lloronas, Ortografía o El arte de ser bonita, que van más allá de ser verdaderas rarezas pues están completamente olvidadas. Toda iniciativa que fomente la difusión de nuestra zarzuela con cariño, seriedad y rigor es digna de aplauso, y más si, como en este caso, se da un paso más allá redescubriendo material. De entrada un bravo a quien haya seleccionado las piezas a interpretar, y otro al Festival por permitir espectáculos de esta riqueza ya no solo musical sino también musicológica.

La mayor parte del repertorio interpretado se sustenta, más que en tener grandes voces, en la claridad de la dicción y el sentido del humor de los intérpretes. De lo primero hubo bastante en cualquiera de los casos, de lo segundo, muchísimo. Hay que reconocer con todo que la mezzosoprano Marina Pardo, en el papel de la diva en horas bajas Marina Roldán -tomando el apellido de un personaje del Barbero de Sevilla de Giménez- robó la atención del respetable en cada aparición: no solo por una extraordinaria vis cómica sino también gracias a una voz oscura, bien trabajada y de rico registro grave. La primera parte fue suya, con sus divertidos acercamientos a la salida de la Roldán en El Barbero de Sevilla, el fox-trot de Las castigadoras o el blues de la diva recién llegada de Broadway -y aquí por cierto con una buena dosis extra de ego- Clara Bow en Las Leandras. La primera parte la culminó Pardo destacando una vez más, ahora junto a la soprano Amanda Serna, interpretando -previa promoción de la teletienda por parte del pianista, claro está- la clase de las gordas de la hoy olvidada El arte de ser bonita, de Amadeo Vives. Serna basó su triunfo en un notable trabajo como actriz, sacando a la luz toda su vis cómica, puesta al servicio de una voz de tiple cómica muy adecuada a las páginas encomendadas. Con todo, la pareja femenina reservaba para el final del espectáculo una gran sorpresa: el danzón ‘Por fin llegó lo que tanto ambicioné’, de La eterna canción de Sorozábal: una pieza bellísima, maravillosamente interpretada, pues si Serna sacó una voz más seria y lírica que en principio solo se le intuía, Pardo se lució aquí exhibiendo la redondez de sus graves con comodidad. Fue este mágico momento, de largo, lo mejor del concierto, como demostraron los bravos espontáneos de parte del público.
En el apartado masculino, llamó la atención un Javier Galán cuya mejor virtud -además de la de ser un gran comediante, como el resto de sus compañeros- pareció la de conocer perfectamente hasta dónde puede llegar su voz: en este repertorio está perfecto, como se vio por ejemplo en la muy bien cantada romanza del partido de fútbol de Don Manolito -por cierto con la letra adaptada a los nombres de media selección española actual sin que el ritmo se resintiera ni por un momento-, con una voz sana, bella y bien proyectada, mostrándose presente además en cuantos conjuntos le tocaron en suerte. Algo similar sucede con Julio Morales -si acaso algo tirante arriba-, que no tendrá una voz bella, pero estos números cómicos los canta con gracia -fue, junto a Pardo, el mejor elemento como actor- y sin problemas de tesitura, luciéndose más que en otros cometidos más complejos que le haya escuchado antes. Estuvo ciertamente simpático y entregado. Los cuatro al conjunto hicieron un número grotescamente divertido del ‘Can-can’ de El último romántico.

Por su parte, Borja Mariño, se reveló no solamente como un acompañante adecuadamente sutil y siempre pendiente de sus cantantes, sino también como un excelente actor, convincente y entregado a la farsa en su papel de maestro de ceremonias, y divirtiéndose tanto como el resto.

El público, una vez que logró entrar en la dinámica del espectáculo -nadie había anunciado previamente que esto era algo más que un mero recital de zarzuela- se dejó llevar y se divirtió de lo lindo, premiando a todos los integrantes al final con fuertes aplausos. Hay que hacer pues un balance muy positivo de esta propuesta, que es, sin duda, lo más cercano a una zarzuela representada que ha ofrecido este Festival desde su creación. Gran paso adelante y gran aplauso también para la organización del certamen por programar veladas como esta.

Este artículo fue publicado el 15/01/2009
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